A mí me gusta decirlo así, tranquilidad de conciencia. Y queda bonito para justificarse ante los amigos, pienso. Ya quisieran ellos, posar el trasero en el asiento del avión y caer de inmediato en los brazos de Morfeo. Ahí se acaban los nervios, las preocupaciones, las zozobras. La de vuelos que me tendré dormidos de principio a fin; transatlánticos incluso. Yo no le veo más que ventajas a esta facilidad mía.
Debe ser genético, porque hay más casos en la familia; mi primo Enrique, por ejemplo. Aunque a él no le resulta, según parece; va por el tercer despido en la tercera compañía. Él se lamenta de que la cosa, de un tiempo a esta parte, se ha puesto muy rigurosa para los pilotos.
Hola Pascual.
ResponderEliminarBonito estreno en el blog. Me encanta el final sobre todo. Sorprende que parece una cosa y resulta un microrrelato atractivo de veras.
Un saludo muy cordial
Gracias, José Luis, por tu comentario, pero como viene de amigo habrá que dejarlo en el 50%. Intenté pegar una foto (última clase) y ha quedado nada más que regular, pero a mí me deja satisfecho. Ya sé que no tiene mérito alguno, pero a los de pueblo, qué queréis, nos hace ilusión por ser la primera vez. De paso cambié alguna cosilla, es una manía de la que espero curar algún día.
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