jueves, 14 de abril de 2011

Reflexiones

Han pasado los años y ahora, cuando éxitos y fracasos quedan atrás, y casi nada importa más allá del tibio sol de primavera o el café templado, la conversación amable con cualquier  desocupado  que se sienta a tu lado en el banco de la plaza, comprendes el valor de la escucha y el bien que puede hacer ponerle oreja a quien está ansioso por desahogarse, y tras los buenos días, sin apenas dar tiempo a presentarse, va contando las cosas que le inquietan, la nuera, el hijo  en paro, ves como maldice de los políticastros que nos toman el pelo con cuentos de Calleja.



-"Esos, sabe usted, quieren que  no pensemos, que les mantengamos en su puesto el  22, que sigan, que están bien donde están. Y ¿sabe que le digo? Que como esto no cambie... ¡a ver que pasa!, porque este país necesita los brazos de todos los jóvenes, los nuestros no, los de los  jóvenes, los pobres necesitan sosiego y que rueden monedas por la mesa cada sábado en la tarde, que vuelva la alegría a las casas, estos jóvenes, mi hijo, y  otros miles que andan dando tumbos por los bares, necesitan sentirse personas, alegría de vivir, disfrutar de los hijos, no ver sacrificada a la mujer, harta de limpiar escaleras mientras ellos... ¡Que coño!, los jóvenes tienen que esperar un mañana sin temores.

Eso dice mi ocasional amigo, luego, sin saber por qué, se levanta de cascos, se altera, repite lo de antes y me cuenta, con pena, que  tiene que irse a las nueve de casa con el tiempo que haga, porque ella, la nuera, se larga a trabajar por las casas y luego, al  mediodía,  llega derrengada, con veinte o treinta euros y  asi van tirando,  tristes, tensos, muy hartos de las cosas que pasan

-"Yo - me insiste-, procuro no pasarme, ni siquiera en comer, por no hacer gasto, no darles mi opinión por mor de los enfados, ya me entiende, en fin, que como esto no cambie, no sé, no sé...".

Se levanta del banco, se le ha hecho tarde, -al menos eso dice-, pero, al rato, lo descubro soltando la hebra en un banco alejado, a la esquina del parque.

El pobre, necesita que se le escuche. Descargar, desahogarse.
Me quedo solo y vuelvo con mis cosas.

¿Por qué será que tengo la impresión de que a esa gente, la que manda, le interesa, cuando dejamos de ser productivos, utilizarnos y que quedemos al borde del camino, con los justo, para que no seamos conflictivos con el sistema, cada uno con su avituallamiento necesario, serenidad, la paciencia adquirida con los años, y esa sonrisa que ya no reconozco, en este estado de cosas, todo nos lleva a ser benevolentes, a volver, como el burro de noria, a dar vueltas y vueltas, invariablemente, al  recuerdo de lo que has sido, lo que soñabas, lo que luchaste, lo que viviste,  pero, todo en pasado.

Y ves la vida como un camino sinuoso, de sombra y luz en el que has caminado, presuroso, las hermosas tardes del verano, las oscuras mañanas de invierno pasando por todo,  alegre o contrariado, aguantando porque no hay más remedio, y sin pensar.

Y te das cuenta de que todo está allí, nada más dar la vuelta a ese recodo, y miras hacía atrás y, unos se han ido,  silbando o cabizbajos y otros, simplemente cambiaron de camino y ya no están.

1 comentario:

  1. Muy bueno el texto, José Luis. Cuando tengas ocasión, a ver si nos cuentas algo más alegre, porque ¿cómo hemos de haber entonces el día 22 de mayo? Intentaré no repetir lectura y esperemos se me vaya olvidando.

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