lunes, 2 de mayo de 2011

Un viaje a Cantabria


Texto cargado a petición de su autora Fe López.

Si tú quieres, me gustaría serviros de guía porque estoy dispuesta.

Recientemente, pude admirar sus zonas verdes y montañosas que contrastan con las grandes llanuras castellanas.

Voy a resaltar las cosas más originales y poco conocidas de cada lugar, tratando así de suscitar vuestro interés, y que podáis disfrutar sin cansaros.

Entramos en Cabezón de la sal, pueblo que se originó en los tiempos romanos. La palabra “cabezón”, proviene de una medida que utilizaban para la compra y venta de la sal.

Precisamente, se cerraron las minas cuando las casas comenzaron a hundirse por la mucha sal que sacaron. Sin tener visión de futuro, pensaron dejarlo como una escombrera; pero el alcalde de Santander, decidió sacar partido del terreno, haciendo ahí el parque de Cabarcena, con animales traídos de distintas partes del mundo y que hoy visitamos los turistas desde un autobús que lo recorre. El gasto diario es de dos millones, por la gran cantidad de comida para los animales y los doscientos empleados que tienen. Fue muy entretenido, ver los animales en sus madrigueras o fuera, contemplando a los visitantes.

De Castro Urdiales, cuentan que al rey Alfonso VIII, le gustaba venir a esta villa para mojar sus pies en la orilla del mar.

Fue muy importante en el siglo XV, porque defendió los intereses comerciales en los puertos franceses, ingleses y de Flandes. Su antiguo castillo, hoy tiene un faro que sale desde una de sus torres.

Llegamos a Comillas, pueblo medio agrícola, ganadero y marinero.

Su historia empezó cuando Antonio López, hijo de una familia humilde marchó con trece años a Cuba, donde hizo fortuna. Fue dueño de una Compañía de tabacos y otra, Transatlántica, ayudando a Alfonso XII, pagando un envío de soldados españoles a Cuba.

Sobre su casa natal, mandó hacer el palacio de Sobrellar, trayendo artistas notables catalanes, entre ellos Gaudí.

Acabado, se lo ofreció a la familia real para hospedarse los veranos. Junto a este palacio construyó el Capricho de Gaudí, de estilo modernista.

Costeó, igualmente la famosa Universidad Pontificia para seminaristas, donde destaca el valor artístico de la escalera y las puertas de bronce.

La villa le ha levantado una estatua a su benefactor.

Aquí en Laredo, fue precisamente donde se despidió Isabel la Católica, de su hija Juana la Loca, cuando iba a desposarse con Felipe el Hermoso.

Su hijo Carlos I, entró por este puerto, cuando venía enfermo de Bruselas para retirarse a Yuste.

Laredo tiene la fama de ser la capital turística de la Costa esmeralda, y tiene el mayor número de pistas de tenis en el mundo.

Para mí, personalmente, hay una villa que tiene un atractivo especial que es Santillana del mar. El estilo de sus casas solariegas te lleva hasta el parador de Gil Blas, con su leyenda de la novela picaresca.

Atravesamos sus calles tranquilas, mostrando en las puertas los productos típicos caseros, y al final se divisa la gran Colegiata. Nos sorprende con el claustro tan valioso de columnas talladas en diferentes estilos, y que actualmente explican con una megafonía adecuada, que nos permite disfrutar y admirar con calma todo el conjunto.

Aquí doy por terminado el viaje, deseando que mi ayuda haya servido para haceros recordar o conocer algún nuevo detalle de estos bonitos lugares.




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