Aprovechando la oportunidad que se me ofrece, quisiera romper una lanza a favor de la mujer, coincidiendo con el primer centenario de su llegada oficialmente a la Universidad, (9-4-1910).
El papel de la mujer, a través de los tiempos se ha considerado secundario en el plano laboral, por lo que no es arriesgado pensar que como en otros aspectos, ha prevalecido la razón de la fuerza a la fuerza de la razón.
Pero no obstante, la mujer desde tiempos remotos ha luchado por ocupar el puesto que le corresponde en nuestra sociedad. Tenemos el ejemplo de Beatriz Galindo, La Latina, que para estudiar en la Universidad se vistió de varón, allá por el siglo xv,y más tarde, Concepción Arenal tuvo que emplear los mismos métodos. Considerando el ejemplo de estos dos genios, cabe pensar cuántos se habrán quedado en el camino sin poder florecer.
Lo más triste, es que la Iglesia nunca estuvo a favor de la emancipación de la mujer, asignándole un papel de madre y esposa fiel, junto a la educación religiosa de los hijos. Por lo tanto, la mujer, al no tener apoyo de ninguna institución, y carecer de cultura no le quedaba otra salida que la resignación.
Pero como nada en la vida es eterno, la evolución tenía que producirse, y ya ha llegado aunque muy lentamente.
Según nos indica Emilia Pardo Bazán, en su época (1870) el 91% de las mujeres eran analfabetas, su papel era puramente decorativo, aprender música, pintura ctr. Algo que no pudiera dañar la autoridad del varón.
Fue precisamente Emilia, perteneciente a la burguesía de la época, la que desató la caja de los truenos con sus artículos incendiarios a favor de la mujer, seguida por Carmen de Burgos, Clara Campoamor y un largo etc.
Estas mujeres consiguieron lo que otros temían, y la sociedad necesitaba; equiparar a la mujer al hombre en derechos, terminar con el papel de la mujer como figura doméstica con muchos deberes y ningún derecho; esposa ejemplar esperando la llegada del marido para descalzar sus pies y darle un beso, mientras el hombre no siempre la respetaba, y nunca era castigado por las leyes ni por la sociedad.
Cuando una mujer era sorprendida en adulterio por el marido, y éste la quitaba la vida, era desterrado. Si era el marido el adúltero, no se contemplaba ningún castigo en el código penal, a finales del siglo XIX.
Con este caldo de cultivo, no es de extrañar que las pocas mujeres cultas de la época dijeran: hasta aquí hemos llegado; y tomando como bandera la cultura, se lanzaran al campo de batalla despertando del sueño a mujeres de carácter, que la hubo, hasta conseguir que en 1933, la mujer tuviera ocasión de expresar sus sentimientos a través de las urnas.
Para nadie es un secreto que el desarrollo de los pueblos va unido a la liberación de la mujer de sus ataduras tradicionales, es algo que debemos tener en cuenta. Algunos psicólogos han asegurado que la inteligencia de de la mujer supera a la del hombre, yo no estoy seguro, pero de ser así, no cabe duda que ese es el pecado, que les ha hecho estar marginadas desde el origen de la humanidad.
Para comprender que ha sido un error la marginación de la mujer, basta con mirar a nuestras aulas para comprobarlo.
Por lo tanto, solo nos queda pediros perdón.
¡Ole, mi padre!
ResponderEliminarCarmen Conde.